Fuiste océano. Fuiste asteroide. Fuiste dinosaurio, ameba y pez prehistórico. Fuiste la empuñadura de la espada de un noble guerrero. Fuiste un antepasado tuyo. Fuiste una roca. Fuiste una suave brisa. Fuiste lava incandescente. Es probable incluso que fueras una estrella. De hecho, exisías cuando sucedió aquello del Big Bang. ¿Todavía crees que no eres especial?
martes, 1 de septiembre de 2009
Hablo-de-ti-y-de-todo.
Fuiste océano. Fuiste asteroide. Fuiste dinosaurio, ameba y pez prehistórico. Fuiste la empuñadura de la espada de un noble guerrero. Fuiste un antepasado tuyo. Fuiste una roca. Fuiste una suave brisa. Fuiste lava incandescente. Es probable incluso que fueras una estrella. De hecho, exisías cuando sucedió aquello del Big Bang. ¿Todavía crees que no eres especial?
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Tonterías de esas que uno a veces piensa.
viernes, 28 de agosto de 2009
Zayne Carrick.

Hello Master.
I'm running now, but I've had time to reflect on your teachings. You say the living sometimes have to suffer to serve a larger goal. I've seen how you live by that.
Well, I have a goal now, too. Justice. For myself. For my friends. For the people sacrificed to the plans of the so-called infallible. And it will definitely involve some suffering. Because, you see, I've had a vision on my own.
One day, one of you is going to confess and clear my name. And to make sure, I'm going to hunt down each and every one of you. The one that confesses, lives. I don't care which one of you does it. It doesn't matter where they send you. You have a death mark, same as me.
Don't look for me, Lucien. Because I'll find you.
And if I do end up collapsing the Jedi order, just remeber one thing. You started it.
Star Wars: Knights of the old Republic
Volume one: Commencement.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Don't panic!
En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la espiral de
la galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento.
En su órbita, a una distancia aproximada de ciento cincuenta millones de kilómetros,
gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso cuyos pobladores,
descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen que los
relojes de lectura directa son de muy buen gusto.
Este planeta tiene, o mejor dicho, tenía el problema siguiente: la mayoría de sus
habitantes eran infelices durante casi todo el tiempo. Muchas soluciones se sugirieron
para tal problema, pero la mayor parte de ellas se referían principalmente a los
movimientos de pequeños trozos de papel verde; cosa extraña, ya que los pequeños
trozos de papel verde no eran precisamente quienes se sentían infelices.
De manera que persistió el problema; muchos eran humildes y la mayoría se
consideraban miserables, incluso los que poseían relojes de lectura directa.
Cada vez eran más los que pensaban que, en primer lugar, habían cometido un gran
error al bajar de los árboles. Y algunos afirmaban que lo de los árboles había sido una
equivocación, y que nadie debería haber salido de los mares.
Y entonces, un jueves, casi dos mil años después de que clavaran a un hombre a un
madero por decir que, para variar, sería estupendo ser bueno con los demás, una
muchacha que se sentaba sola en un pequeño café de Rickmansworth comprendió de
pronto lo que había ido mal durante todo el tiempo, y descubrió el medio por el que el
mundo podría convertirse en un lugar tranquilo y feliz. Esta vez era cierto, daría resultado
y no habría que clavar a nadie a ningún sitio.
Lamentablemente, sin embargo, antes de que pudiera llamar por teléfono para
contárselo a alguien, ocurrió una catástrofe terrible y estúpida y la idea se perdió para
siempre.
Esta no es la historia de la muchacha.
Sino la de aquella catástrofe terrible y estúpida, y la de algunas de sus consecuencias.
Douglas Adams.
Guía del autoestopista galáctico.
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